Como muchos ya saben, tengo en mis manos una máquina que no es de las mejores, pero que me ha servido para experimentar bastante y aprender mucho a cómo arreglar un computador. Además, he padecido en carne propia los problemas más comunes a los que se ven sometidos los usuarios que pretenden instalar GNU/Linux en sus máquinas.
Fue así como me topé con la imposibilidad de instalar Ubuntu por mucho tiempo algo que ya solucioné acá, además de la instalación de un dock sin aceleración gráfica, solucionado acá, y obviamente la configuración de la banda ancha móvil en el computador.
Tengo que reconocer primero, que las nuevas versiones de Ubuntu están cada vez mejores, pero a pesar de ello, mi distro regalona sigue siendo Hardy, la vieja y querida versión 8.04 que es la que a mí, al menos, me permite configurar mucho mejor todas las opciones.
¿Es necesario tener un día para decir te amo? ¿Qué pasa si si pierdes la valiosa oportunidad de decirlo y ya es demasiado tarde? ¿El amor tiene un solo sentido o cada uno lo puede interpretar de una forma diferente? ¿Es posible re-escribir el significado del amor?
Estas y otras fueron las preguntas que respondimos junto a JJo Retamal, hace unos meses cuando diseñamos una estrategia transmedia encomendada por uno de los profesores del MICPD.
Ahora la traigo a colación, porque en esa estrategia lo que plateábamos era principalmente terminar con el significado del amor que conocíamos y reescribirlo, re interpretarlo, re sentirlo y por lo mismo no se hacía necesario tener un sólo día para celebrarlo.
Hace ya un tiempo dije que el amor existe y por ello, durante muchos días varias personas dedicaron largas horas a encontrar el regalo perfecto para sorprender a la persona que camina al lado, algo que de verdad es digno de imitar.
Hace mucho tiempo que no blogeaba. Hace mucho tiempo, también, que mi blog dejó de ser el espacio donde contaba mis cosas personales, hace mucho también, que mi blog se convirtió en un espacio para nada visitado, hace mucho también que este sitio dejó de ser terapéutico y se convirtió en un espacio profesional.
Cuando comencé este sitio, lo hice con la secreta intención de volver a escribir, de hecho ese fue el nombre con el que lo bauticé. Volver a escribir como lo hice alguna vez, cuando lo más importante no era el hacer, era el querer.
Dejé de comentar mis cosas, el día a día y lo volqué en Twitter. Hoy estoy sentado frente a mi computador como en los viejos tiempos. El humo del tabaco vuelve a llenar mi habitación. Hoy el café se convierte en mi nuevo mejor amigo, mientras combato las ganas de estar en la cordillera con la venta abierta que deja entrar un aire helado que congela mis pies descalzos, pero me ayuda a estar despierto.
Probablemente más de alguno de ustedes ha visto en latas de bebida, anuncios en vía pública o varios otros soportes una imágenes cuya promesa es acercarlas a la cámara web de nuestro computador y poder descifrar qué es lo que hay en ellas.
Estas imágenes son códigos QR o Quick Response Barcode un sistema que almacena información en una matriz de puntos o un código de barras bidimensional según lo define Wikipedia y que se caracteriza por los tres cuadrados que se encuentran en las esquinas y que permiten detectar la posición del código al lector.
La gracia que tiene la configuración de este tipo de códigos es que se puede almacenar gran cantidad de información en una imagen que luego puede ser distribuida y decodificada por quien la reciba o se encuentre con ella.
Los sueños no se venden. No se hipotecan. Soñar es gratis. Es lo único que nos da libertad en muchas ocasiones, por qué venderlos, por qué dejar de soñar, por qué volvernos insensibles ante esa curiosa sensación que nos da volar con la imaginación a tierras lejanas e inexistentes, por qué dejar de crear universos paralelos donde todo es diferente.
Muchas veces lo he pensado: El día en que deje de soñar, probablemente estaré muerto. El día en que deje de crear, probablemente estaré unos seis metros bajo tierra, el día en que mi mente deje de funcionar ya no estaré escribiendo.
Me gusta soñar. Me encanta soñar. Soñar nos ayuda a crear, a pensar a imaginar. Me niego a dejar de soñar, de imaginar…
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